jueves, 7 de mayo de 2009

El blanco no es capricho estético...


La sequedad ambiente y su falta habitual de lluvia, obliga a que en la casa de Lanzarote, el aljibe sea pieza fundamental de la economía doméstica y de la construcción hogareña, hay que recoger hasta la última gota de agua cuando finalmente cae y retenerla como el más apreciado tesoro. Para que las aguas se aprovechen al máximo, toda la superficie edificada por donde han de correr hasta llegar al aljibe, ha de estar lo más pulcra posible. La cal es limpia y desinfectante; es de fácil aplicación y barata. El que, no existan tejas en los tejados, en que esto se pinten de cal totalmente al igual que sus fachadas, no es un capricho estético, está motivado principalmente por economía: recoger la lluvia sin contaminaciones. Esa es la principal razón de la blancura lanzaroteña aunque existan otras igualmente valiosas para preferir la cal como único revestimiento. La cal reverbera, impide que los rayos infrarrojos del sol penetren demasiado en la vivienda.


Otro factor natural decisivo tiene muy en cuenta la arquitectura popular de Lanzarote : el viento abrasador y arrasador de Africa, que se impone sobre la dulzura de los alisios, que vienen como un regalo. Del viento de Africa hay que guardarse y resguardarse. Pero no todo es malo sobre el viento africano que se derrama sobre Lanzarote: mueve los molinos del gofio y los de agua de mar de las salinas.

+Capuchino de Silos

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