martes, 24 de julio de 2018

Hoy más que nunca






Llegaba a casa después de Misa y al abrir la puerta de la calle, sobre una butaca del porche, un maravilloso ramo de flores casi silvestre y una cuartilla en la que se leía:

“Debemos procurar que cada día se renueve nuestra amistad y cariño pasando por la virtud de la perseverancia que es el fin de toda perfección como quiere el Señor. Afianza lo que tengas que es mucho. Podrás tener alas como las águilas para volar sin debilitarte, y recibirás la virtud para que puedas seguir resistiendo. Pídele al Señor fuerzas para correr y ganar en la carrera y pueda quedar en el alma la constancia del Espíritu Santo, así como quedó en Cristo cuando murió en la cruz; como se la dio a los Apóstoles y a todos los que han perseverado en la oración. Sólo aquellos que resisten, reciben esa gracia y siguen con gran energía todas las cosas de Dios que los consuela día tras día. Podrás decir como decía Job /Job 29,18-20): “Multiplicaré mis días como palma; mi raíz abierta está cerca de las aguas, y el rocío se detenía en mi segada; mi gloria siempre se renovará, y mi arco en mi mano será restaurado”
Como decíamos en el colegio:
“Viva Jesús Sacramentado – Viva y de todos sea amado”

Hoy más que nunca.

María”  



+Capuchino de Silos




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domingo, 18 de marzo de 2018

...el principio de la alegría.




Era yo quién, en esta ocasión, hablaba primero cuando salimos de la iglesia.
-No trates de convencerme, le decía a mi amiga. No voy en contra de la razón, al contrario. Sabes por lo que lo digo y no te lo voy a repetir.
- ¿Cómo? ¿Qué tus consejos y sermones también los entiendo al revés? ¿Por qué? Porque ¿quiero obrar bien y no mal? ¡No te equivoques!

-Tienes malas costumbres y no te corriges, ya te lo han dicho alguna vez, me decía mi amiga con un gesto antipático y torcido como mi regla según ella, que seguía y seguía hablando sin escucharme con lo mismo.
-Tuerces la regla para conformarte y así el reglón te aparecerá torcido. No suspires a Dios para que te restituya lo que has perdido. Lo has torcido y has perdido tú. Tú sola; así que no te lamentes. Hay quien tiene siempre en su memoria las injurias que recibe y lo que hacen es agravar la situación. Con esto no llaman a Dios; claramente llaman al demonio. Hay que inclinar la cabeza. Es un gesto de humildad.

- Ya, le contesté. Debemos olvidar la casa del mal padre que es la depravada imaginación donde el demonio tiene puesto todo su reino para impresionar. Allí pone todas sus obras para que la vean los hombres degenerados y puedan ver todos sus secretos, que son todos.

- ¡Claro! Para que el alma se olvide del bien y permanezca en el mal. Dios desea nuestra alma y quiere que lo tengamos en la memoria, quiere que lo amemos, quiere que lo deseemos y dejemos otros malos pensamientos atrás, todo lo atrás que podamos. Que nos olvidemos de ellos; Él sabe cuál es el alma que lo ama de verdad, y se ama olvidando. Él nos llama casi con suspiros. Acordémonos: “mi lengua se me junte al paladar si no me acordara de ti y no te pusiere en el principio de mi alegría” Es lo que te falta en estos momentos y no tienes motivos para disgustos.  
Jerusalén y su pacífica espiritualidad es el alma del más puro recogimiento; más en estos días de Cuaresma, y según los dones que recibimos, no debemos olvidar nuestro amoroso juramento de aquél maravilloso y amoroso día. Que lo tengamos presente, que no lo olvidemos. No sólo debe ser el principio de nuestra alegría, debe ser el más hermoso deseo de cada día. Suspirar por Él, porque lo tenemos a Él.



+Capuchino de Silos



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jueves, 22 de febrero de 2018

"...todo en todo"



-Escucha lo que acabo de meditar en la oración antes de la Misa, me decía mi amiga.

"Esfuérzate por contemplar a Dios, espérale interiormente sin cansarte, búscale a la medida de tus pensamientos, violenta tu voluntad y sus decisiones, fuérzalas para que tiendan continuamente hacia Él. Verás como viene a ti y establece en ti su morada. Él está allí, observando tus razonamientos, tus pensamientos, tus reflexiones, examinando cómo lo buscas: si es con toda tu alma, o negligentemente. Y cuando vea que lo buscas con ardor, enseguida se te manifestará, se te aparecerá, te concederá su auxilio, te dará la victoria y te librará de tus enemigos.
En efecto, cuando haya visto cómo le buscas, cómo pones en Él continuamente tu esperanza, entonces verás cómo te instruye, te enseña la verdadera oración y te da la caridad verdadera que es Él mismo. Entonces Él lo será todo para ti: paraíso, árbol de la vida, perla preciosa, corona, arquitecto, agricultor, un ser sometido al sufrimiento pero que no queda afectado por Él, hombre, Dios, vino, agua viva, cordero, esposo, guerrero, armadura. Cristo todo en todos. Igual que un niño no puede ni alimentarse ni cuidarse solo, sino que no puede hacer otra cosa que mirar, llorando, a su madre hasta que ésta, movida por la compasión, lo atiende, así las almas creyentes lo esperan todo de Cristo y le atribuyen todo lo que es justo."

-Sí, es para meditarlo, me retiraré, pero no al desierto.


+S. Macario de Egispto



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viernes, 9 de febrero de 2018

"Agua nieve"




Nos acabábamos de sentar en una cafetería forrada de madera; oscura, fea y desolada por lo enorme que era; estaba completamente vacía, pero tenía calefacción. Las mesas se molestaban unas a otras esperando no sé qué. Nosotras dos éramos las únicas sentadas una frente a otra.
- Cuánto tiempo ha pasado y sin poder ir a ningún lado, le dije. ¡Maldita gripe! ¡Y qué frío! ¿no?
- No me has dejado ir a visitarte, me decía dolida; casi sin poder oírla de lo bajito que hablaba.
-Sí, es verdad, pero temía contagiarte. No te enfades.
-Bueno, me alegro después de todo porque me he librado de mocos, toses, fiebres y malos humores. Ya te estás recuperando de nuevo, gracias a Dios.
- Pues sí.
Después de producirse un breve silencio tomó la palabra de nuevo como siempre hace.
- Si quieres, me dijo, te pongo al día de lo que leo. Aquí, como no sea de algunos temas, no se puede hablar. Hay eco y el dueño se entera de todo.
- Estoy con el último mejor libro. El último es siempre el más jugoso para mí por lo que aprendo. Me embeleso. Es mi último amor platónico. Te lo dejaré para que lo medites. Te hará tanto bien como me lo está haciendo a mí.

- Habla de las lágrimas del recogimiento. O como yo lo llamo: “agua de nieve”
No sabes cuánto gozo infuso puede llegar a nuestra alma con esas lágrimas de recogimiento. Dice el libro que es como un deleite sin aroma; sin condición alguna, sin profundidad, sin altura, sin espacio. No nace, no agoniza. Nos hace entrar en su mundo para que lloremos, y si hemos de morir…, para que sigamos llorando y suspirando de placer, de gozo espiritual. ¡Ahora bien!, hizo una mueca; se requiere, una sola cosa: que hay que tener un cierto recogimiento interior. Sí, eso dice. Con esas lágrimas, las tinieblas se convierten involuntariamente en luz de medio día y el alma se llena de resplandores. Son como la buena lluvia. Esas preciadas “aguas” nunca faltan, nunca se agotan; pueden tardar, pero siempre llegan. El cielo las acarrea, las conduce hasta la tierra más seca para hacer renacer la hierba de nuestro huerto para regarlas. Llegan todas de arriba, del Padre de las altas lumbres. Dice el libro, que por eso se ha de tener recogimiento, para que esas dulces aguas humedezcan el huerto que se ha de regar; o esa bella fuente donde las diferentes vías hacen fluir de nuestros ojos las gotas más suaves y cristalinas que corren dulcemente por las mejillas. Ellas producen descanso, fortaleza frente a la propia debilidad y desaliento. Dan mucho más de lo que se pide. Esas lágrimas son para los ojos como el mejor de los colirios porque producen bienestar y alivio y dulzura.
San Bernardo, dice el libro: “llores con abundancia quien halle tiempo de llorar” “que tus ojos derramen arroyos de lágrimas” “que tus párpados no tengan reposo para que tus ojos puedan mirar con claridad la serenidad del resplandor”
Las lágrimas son como agua nieve que descienden de lo más alto de la Cumbre, donde se halla el tesoro escondido del recogimiento. Llevan todas las riquezas y enseñan el hermoso y bello camino en el mar de las lágrimas. El Espíritu Santo las guía hasta encontrar la vía para que fluyan.
Antes de la lluvia el cielo se encuentra oscuro y sombrío, enmarañado y confuso. Después de ella, todo queda claro, alegre y brillante como un hermoso diamante. Muestra su máximo esplendor y hermosura sin impedimento alguno. Igual ocurre cuando las lágrimas han brotado y descendido de nuestras nubes; se retira toda la niebla, toda la oscuridad, toda la tristeza; queda tanta claridad interior, que las almas aparecen limpias, cristalinas con un maravilloso brillo y divino gozo bajado del mismísimo Cielo.
 - No sigas, me dejas el libro que lo medite.

+Capuchino de Silos


Dedicado a Ricardo




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sábado, 2 de diciembre de 2017

Nuestra memoria BIEN ocupada.


Me decía que en Dios todas las cosas viven, y en nosotros parece algunas veces, como si muriesen o estuviesen muertas. Somos olvidadizos de nuestra alma. No retenemos; no nos interesa retener; ni siquiera parece que fuésemos imagen misma de Dios vivo. Somos como el que tiene el estómago enfermo y vomita el mejor manjar que come; es como si no retuviésemos en el estómago de nuestra memoria el manjar de su buena doctrina; poco provechosa y rica será ella.
Deberíamos, me decía pensativa, volver a vivir aquel precioso día en el que elegimos ser mejor, con mayor perfección, y acordarnos de atesorar aquellos bellos momentos dejando el mundo y su vanidad atrás; volver con Él, morir con Él; creceríamos de virtud en virtud, engrandeceríamos en méritos delante de Dios y cumpliríamos su mismísimo deseo. No debiéramos ser imagen falseada, cosa que es muy habitual.
La memoria debería ser para nosotros, el lugar donde está el tesoro de los que saben lo que quieren, la caja donde se guarda la verdad, el libro más vivo que no debe ser matado por el olvido. Dios no puede caer en nuestro olvido nunca y… ¡es tan fácil que lo olvidemos!
Con las palabras de S. Pablo podemos sentirnos aliviados: “Sólo Dios tiene inmortalidad y en Él viven todas las cosas” Nosotros tenemos la memoria muy débil.
Tengamos más en ella el deseo verdadero de Dios y no fingido, el que es grande y no pequeño, para que nuestro corazón pueda llegar a conocer que el Señor desea el alma que lo ama. Él continuamente la llama y nunca la olvida.
Ese debería ser el principio de nuestra alegría y de nuestra vida.
Desearlo y suspirar siempre por Él; ahora más que nunca; dentro de muy poco se hará pequeño.
No olvides que mañana empieza el Adviento y entra un tiempo precioso de esperanza



+Capuchino de Silos




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domingo, 26 de noviembre de 2017

Dejando un sobre.



Se alejaban los pasos y dejaron un sobre sin cerrar, debajo de la puerta.
Era de mi amiga. Le di la vuelta y leí: “Luego vuelvo para que vayamos a Misa de 12. La niña se ha caído y se ha herido en la rodilla. La llevo a urgencias.
Puedes leer el interior. Hoy es la fiesta de Cristo Rey. No te olvides.
Abrí el sobre y con su letra algo nerviosa, leía:

Me consagro a ti ¡Oh dulcísimo Señor, Salvador del mundo y creador de todas las cosas!
¡¡¡Perdóname Señor y Rey mío por todos los pecados cometidos a lo largo de toda mi vida!!!
Me dirijo a ti con la humidad que quisiera tener, pero que no sé si alguna vez tengo.
Sea, o no sea así, en todo momento se haga tu santísima voluntad para poder darte gracias de la mañana a la noche.
¡¡¡Estoy viva Señor!!! Pude haber muerto, ¡Tú lo sabes! Me quieres aquí y aquí me encuentro con ganas de darte LO MEJOR de mí y agradecerte todo lo que me das cada día y lo que me has dado siempre, que es todo.
Darte, darte, darte quiero, sin pedirte nada.
Darte mi amor que nunca será algo.
Darte mi pensamiento, que vuela como lo hace el aire con furia y lleva a caídas una tras otra; ¡parece que no tenga ningún arrepentimiento!
Darte mi trabajo, Señor, que por más que quiera, nunca será lo suficientemente digno.
Darte mis penas y sufrimientos, también mis alegrías Señor…ponerlo todo a tus benditos pies, sin esperar nada más que poder tenerte, no abandonarte, no ofenderte… Cada noche te digo y cada día te ofendo. ¡¡¡Perdóname, Señor!!! No tengo arreglo.
Si me llega tu gracia, que sea para amarte con todas mis fuerzas. Ayúdame para que nunca sea yo, sino Tú quien reine en mi corazón.
Me consagro a ti Señor y Rey mío. Ayúdame a renovar esta consagración cada día para vivir dentro de tu Sacratísimo Corazón.
Ten piedad de todos los que te desprecian y se alejan de ti. ¡No te conocen! de todos los que te han abandonado, de los que pasan hambre y mueren sin haberte conocido. Socorre a los más necesitados.
La Santa Iglesia parece haber perdido la fe que Tú tanto desearía que tuviese.
Haz que ella brille en toda la tierra y pueda vivir el auténtico Evangelio.
Amén


La leí haciéndola mía también, y, mentalmente agregué algunas cosas más que quedaban para Él y para mí. 

¡¡¡VIVA CRISTO REY!!!



+Capuchino de Silos


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martes, 21 de noviembre de 2017

“… y serás así como huerto de regadío”


¿Lo crees?
Sí lo creo. En los seguidores del recogimiento.

Siempre confiada, contestaba que cuando las personas son devotas cierran las ventanas de los sentidos. Antes de eso, decía, el entendimiento queda entre sombras, oscuridades y desórdenes, pero si se recoge como se debe, esas sombras y oscuridades se vuelven más clara que antes habías visto, donde el Amor perfecciona, afina y pule la piedra más rugosa para llenarla de resplandores y luminosidades. No se conoce nada mejor ni nada igual. Así se llega al más puro y amado descanso queriendo volver de inmediato a él y  seguir buscando las fuerzas perdidas y liberarse de las debilidades, imperfecciones e impotencias.
Muchas cosas se pueden con Él, seguía diciendo. Él no se niega nunca. Jamás. Siempre da mucho más de lo que uno puede pedir. El alma recogida es como una fuente que emana sin cesar. Tiene tantos caminos como afluentes pueda tener un río, y si se está a solas dentro de la concha, mucho mejor. El corazón desea recogerse como haría un tímido caracol.
¿Cómo va a llenar el cielo y la tierra y dejar un corazón vacío? Viste los campos de flores, da de comer a las aves, cuida a los gusanitos, y, ¿se va a olvidar de lo que más quiere?
¿Qué es bueno llorar?  Diría que sí, que las lágrimas limpian los ojos que antes han estado empeñados. Quedan limpios y se puede mirar con claridad la serena y plácida lumbre que calienta el alma recogida en ese Espíritu de Dios. Él la va guiando. Les suele suceder a estas almas, lo mismo que ocurre antes de que llueva; todo el paisaje suele estar turbio y oscuro, confuso y borroso; más cuando llueve todo queda más claro, alegre y sereno. Es cuando todo se muestra brillante descubriendo su auténtica belleza; así ocurre después que las lágrimas han manado de nuestros ojos; desaparece la oscuridad y tiniebla, y queda tanta claridad en el interior del alma que todo aparece claro y cristalino como el agua más pura y limpia.

+Capuchino de Silos




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lunes, 30 de octubre de 2017

Buscando la gracia




Continuábamos, esta vez, muy cerca de casa, y se paró sin prisa alguna para seguir hablando de los sabios maestros.
-Desde muy pequeña me enseñaron a buscar la gracia que da el Señor a los que son buenos sacerdotes. Se aprecia de lejos. Las buenas y sanas costumbres que tengan lo suplen todo; suplen hasta las canas. Todas esas gracias cubren el halo del que es buen maestro de vocación. Lo decía con desparpajo y sin temor alguno. Yo estaba de acuerdo. Ella continuaba: han de dar muy estrecha cuenta a Dios de todos sus actos y lo saben plenamente. ¿comprendes? Cada día reciben bendiciones especiales del Altísimo y el que lo ama de veras, lo ama en cada aliento de su cuerpo. Saben enseñar. Están colmado de la gracia más santificante.
Le respondí muy bajito: es como el que no sabe pintar; difícilmente puede enseñar a hacerlo. ¿No?
SÍ. El que nunca tuvo silencio o vivió el recogimiento plenamente, puede dar consejo sobre él; al contrario, hará mucho daño y hasta dirá una cosa por otra, como te ocurrió a ti con aquel que me comentaste. Si la boca no habla de la abundancia que hay en el corazón, jamás podrá aconsejar al corazón de nadie.
Continuaba sin prisa alguna y casi sin escuchar.
Muchas veces, la mayoría, te puedes sentir perdida y has de buscar y rebuscar entre tus libros las respuestas que el corazón pregunta, o tener en ese momento a mano al maestro que diga como el Apóstol: “No oso hablar cosa que Cristo no obra en mí” Rom 15, 18.
Verdad es, que unos tienen unas virtudes y otros tienen otras. Pero el sabio, el que está “tocado” de la mano de Dios es diferente. Es de Dios y se aprecia, se nota. Otros, en su humildad más tímida, te pueden decir: esto mejor lo sabes tú. Pero el alumno deseoso de Dios tiene su alma siempre abierta para recibir de su maestro todo consejo y pone en él toda su confianza, pensando que si sigue esas lecciones sabias recibirá de Dios los mismos dones que tiene él.
¿Crees que esto último es de alabar o de criticar?
De alabar, sin la menor duda. ¿Lo pones en duda?



+Capuchino de Silos



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miércoles, 25 de octubre de 2017

El buen maestro




No era fácil para mí aceptar lo ocurrido, le dije. Me pasé mucho tiempo meditando y llorando después de aquello. El escarmiento me embargaba. Ya eran muchos.
He pasado, como tú, me decía, por momentos muy difíciles en mi vida y no termino de aprender por lo boniata que soy. Siempre me han dado “el palo” en el mismo sitio, y, lo peor es, que me lo siguen dando. Ya, lo único que hago es leer buenos libros y, que sean ellos los que me lleven a la meta para llegar sana y salva.
Te decía ayer que había que ser buen discípulo y saber escoger un buen maestro; pues bien. La llave de oro, la mejor de todas las llaves que existen, es encontrar un buen maestro que nos ayude a conocer y llegar a nuestro Destino. Un buen maestro, no hay duda alguna, que saca buenos alumnos; ellos mismos fueron, en su día, buenos discípulos. Saben cómo han de sembrar la simiente en el corazón de uno para que brote y cómo han de orar a Él con pureza de alma. Si el crecimiento de esa semilla no es bueno, difícilmente será bueno su desarrollo y todos los demás fines sin este, serían de muy poca utilidad. Si el espíritu de la piedad tiene una buena base es que el que instruye sabe sembrar para que de buenos frutos la planta. De ellos depende todo el bien que podamos recibir. La cosa en que más se puede desacertar o atinar es esta. No hay otra. Mal hace el que mal erra, que es lo que te ocurrió el otro día. El hombre no sabe cuál es lo mejor o peor y va dañando en lugar de ir enseñando virtudes. El pobre se fue formando sobre arena en lugar de cimentar su casa sobre roca que hace que ésta sea ninguna cosa buena y en lugar de adoctrinar daña el negocio propio y el ajeno. Digno de lástima es.
Recemos por él y su congregación.

¡Qué diría Santa Teresa!



+Capuchino de Silos

martes, 24 de octubre de 2017

El consejo.


De nuevo, por ser domingo, nos fuimos al parque.
Le conté lo que me ocurrió el día anterior; era el segundo resbalón que daba en aquel sitio.
Ayer precisamente, comenzó a decirme, leía que siempre hemos de tener como maestro aquel que más nos convenga a cada uno. Tenemos necesidad de aprender lo que no se sabe; buscar quien pueda enseñarnos y huir de los que no aportan ninguna riqueza; sentir la necesidad de buscar virtudes. Estar atentos con los oídos del alma, tenerlos bien abiertos e investigar el consejo del más sabio.
Me equivoqué, le dije. No tenía que haber ido.
Comprendo cómo debes sentirte cuando en el lugar del sabio/maestro/confesor, te encontraras con un mameluco alejado de Dios.
Por eso es tan necesario el recogimiento y leer buenos libros. El recogimiento mueve mucho el corazón y lo que no halles en los libros lo encontrarás en ese buen maestro/confesor/director o como lo quieras llamar. Después será el maestro divino quien ponga esa pizca de sal que le falte al guiso y tener a Dios en todo momento. Pedirle que enderece nuestro camino, que podamos recogernos y apartarnos de esas personas que son fulleras, engañosas y embusteras. Con ese pequeño lote de conflictos sería muy difícil encontrar la paz que el alma necesita para tener a Dios con nosotros.  
Hay que generar un amor entre discípulo y maestro, que casi como a Dios, has de temer y amar al mismo tiempo para no ofender al verdadero Maestro y como a Él obedecer en todo momento.
Si queremos ser verdaderamente buenos discípulos debemos buscar quien nos lo pueda enseñar tanto en las cosas pequeñas como en las grandes. No creamos que por nosotros mismos pudiésemos encontrar nada. El camino a la obediencia es la senda más eficaz y real que nos puede llevar a lo más alto de la escalera dónde el Señor nos espera. No menospreciar ser un pequeño discípulo, aunque seamos viejos, y la persona que te enseñe, sea tan joven que pudiese llegar a ser casi un niño. Ahí está la verdadera virtud de la humildad.

Siempre lo haces fácil, pero no lo es, le contesté.

Terminamos en un vivero comprando preciosas flores.




+Capuchino de Silos





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